Venta. Donde colocas tu oferta

Durante algo más de media década estuve trabajando en DIA, diseñando y negociando productos de Marca Blanca. Mi trabajo, además de buscar proveedores apropiados y crear el producto, consistía en «pelearme» con los responsables de los lineales en mi propia compañía porque estos buscaban la máxima rentabilidad del surtido.

Como sabes, el espacio en las estanterías de los supermercados es muy escaso y hay que convencer a quienes deciden qué lugar debe ocupar cada producto. No sólo eso, sino que además, no todas las posiciones son iguales. Unas tienen más valor que otras.

Unos años después me tocó estar en el otro lado. Estuve unos años trabajando en una empresa llamada Information Resources que era competencia de Nielsen. Es decir, que se encargaba de entender el mercado y diseñar estrategias para que los fabricantes vendan más en los supermercados.

En ambos casos, mi experiencia fue muy interesante, creo que DIA fue mi mejor escuela y me permitió poner en práctica muchas ideas con muchísima libertad.

Te cuento esto porque si hay algo que aprendí especialmente en estas dos empresas es la importancia de tener un lugar en el que mostrar y también vender tu oferta. No es lo mismo estar que no estar o aparecer en la cabecera de un lineal o en la estantería más baja de un pasillo por el que no pasa nadie.

El Currículo como prospecto

Si pensamos en modo YO S.L., ya sabes, considerar tu profesión como tu empresa, tu trabajo como tu producto y tu impacto como tu Marca Personal, entonces tendremos que pensar donde vamos a mostrar y vender nuestra oferta.

En realidad mostrar y vender son cosas distintas, pero complementarias. Una cosa es que la gente sepa que existes (mostrar) y otra que te escojan (vender).


En los tiempos en los que había trabajo y demanda de profesionales, no tenías que preocuparte apenas de esto. Simplemente con tener algún contacto y/o un currículo o una carta de presentación, ya tenías casi todo hecho.

Con el tiempo, yo creo que a partir de los 80 se empezó a joder la cosa, ya no bastaba con enviar unos cuantos currículos a las empresas habituales o darte unas vueltas por los polígonos. Además de engordar esos documentos con Masters, cursos de todo tipo, nivel medio de idiomas y algunas cosas más, tenías que entrar en portales de Internet y echarle un poco de imaginación.

Hasta que llegamos al punto en el que ni siquiera el mejor CV o el envío de miles de solicitudes apenas tenía repercusión. El CV se había convertido en un prospecto, en un folleto, en algo parecido al buzoneo, a la publicidad que se pone en los parabrisas. Algo que sabes que apenas va a proporcionarte resultados.

Escaparate

Entonces llegó Internet y poco a poco, algunos empezamos a ver que podría convertirse en nuestro escaparate, o algo mejor en nuestra tienda.

Frente a la aburrida foto fija del CV que informaba pero no demostraba ni convencía, empezamos a tener la oportunidad de poner nuestro trabajo a la vista de todo aquel que lo quisiera ver. Las primeras webs cutres que hicimos con Dreamweaver y más adelante los blogs (bendito Blogger primero y WordPress después), nos permitieron pasar del folleto a la exposición.

Internet nos permitió saltarnos algunas etapas del proceso de selección. Muchas de las preguntas que tendrías que responder en una entrevista de trabajo (¿Qué te gusta? ¿Cuáles son tus objetivos? ¿Cómo harías…?) ya las podías contestar en tu propio espacio virtual.

En realidad el SEO es la versión virtual de la pelea por la cabecera del lineal. Tus contenidos son como las ofertas semanales que van a atraer a tus potenciales clientes. Lo que ofreces, el valor que aportas son como las muestras que te dan a probar en el supermercado.

Así que, hemos llegado a esa situación en la que si tienes una oferta y sabes colocarla bien en ese inmenso centro comercial que es Internet, podrás empezar a tener alguna oportunidad.

Tienda

Igual que ocurre con cualquier otro cambio, hay gente que se queda estancada y hay otros que lo aprovechan. Muchos siguen aferrados al CV en papel o en plataformas virtuales. Incluso algunos han llegado a crear algo en LinkedIn. Pero si te limitas a enumerar tus logros y tu historial habrás avanzado poco. Hay que poner tu trabajo en un escaparate y hacerlo de la mejor forma posible.

Pero si eres de los que no sólo ha superado sus miedos, sus falsas modestias y su humildad mal entendida y te has atrevido a contar lo que sabes hacer en los canales reales (networking, hablar en público, libros, artículos) y en los virtuales (Blog, Redes Sociales, Canales de vídeo y podcast) entonces no sólo estarás mostrando sino que podrás vender tu trabajo.

Está muy bien tener un precioso escaparate, pero si no hay una tienda detrás, entonces estarás perdiendo el tiempo. Afortunadamente hay montones de formas de hacer que esa oferta, ese valor que proporcionas, pueda convertirse en dinero.

Si consigues convertir tus ideas en «cosas» (cursos virtuales, libros electrónicos, asesorías, talleres, infografías, audios, vídeos,…) entonces sólo te falta encontrar el modo de que te paguen. Habrás convertido tus cualidades en productos vendibles.

No es mi intención convencerte de que todo esto que te cuento es perfectamente factible (y mucho más sencillo de lo que seguramente estás pensando) en lo que respecta al papeleo, la burocracia, la legalidad y la fiscalidad. Que no tienes por qué dejar tu trabajo, ni siquiera darte de alta en la Seguridad Social hasta que todo empiece a arrancar.

Tampoco voy a contarte la cantidad casi infinita de opciones disponibles para crear ese escaparate y esa tienda en la que monetices tus cualidades, pero ya te digo que ese no es el problema.

Lo que debes pensar es que no puedes seguir actuando en modo papelito en el parabrisas. Si quieres que te encuentren, te vean y te elijan, debes actuar como un tendero, como alguien que sabe colocar su oferta, venderla y fidelizar a su clientela.


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