Un profesional entrega un trabajo brillante. El siguiente es correcto. El tercero llega tarde y con algunos detalles sin resolver. En el cuarto vuelve a demostrar que es extraordinariamente bueno. ¿Es un profesional excelente? Depende. Si necesitas admirar su talento, probablemente sí. Si tienes que confiarle algo importante, quizá empieces a tener dudas. Porque hacer un gran trabajo demuestra de lo que eres capaz; mantener un determinado nivel demuestra lo
Archivos de autor: Andrés Pérez Ortega

Tienes una profesión, pero también sabes hacer otras cosas. Te interesan campos distintos, has acumulado experiencias que no encajan perfectamente en una etiqueta y quizá incluso desarrollas varios proyectos al mismo tiempo. Entonces llega el consejo habitual: «Tienes que elegir un nicho». Y empiezas a amputar partes de tu trayectoria para resultar comprensible. En el extremo contrario está la reacción aparentemente más auténtica: «Todo esto forma parte de mí». Así

Instagram tiene una cualidad bastante útil y ligeramente peligrosa para tu Marca Personal: permite que alguien se haga una idea de ti antes de saber realmente quién eres. Entras en un perfil. Miras tres fotografías, un par de reels, la biografía y quizá alguna story. En unos segundos decides si esa persona parece profesional, creativa, rigurosa, cercana, interesante, pretenciosa, divertida, experta o simplemente otra más haciendo exactamente lo mismo que

Hablar en público parece una oportunidad estupenda para demostrar todo lo que sabes. Y precisamente ahí empieza el problema. Te invitan a una charla, una reunión importante, un webinar o una sesión interna y piensas que, ya que tienes la atención de varias personas durante unos minutos, conviene aprovecharla. Así que añades otro dato, otra diapositiva, otro concepto y ese ejemplo que demuestra que dominas el asunto. Al fin y

Hay dos formas bastante eficaces de contar la historia de la Marca Personal. La primera consiste en decir que la Marca Personal ha existido desde que el ser humano empezó a relacionarse con otros seres humanos. La segunda consiste en afirmar que la Marca Personal nació en 1997, cuando Tom Peters publicó The Brand Called You en Fast Company. Las dos quedan estupendamente en una presentación. El pequeño inconveniente es

Aunque seas un profesional excelente y lleves años haciendo bien su trabajo, quizás sigues dependiendo demasiado de que alguien se acuerde de ti. Tu jefe debe reconocer tu contribución, un antiguo cliente tiene que recomendarte o un contacto debe pensar en tu nombre cuando aparece una oportunidad. Mientras eso ocurre, otros profesionales quizá menos preparados consiguen hacerse un espacio mucho más visible. La reacción habitual consiste en pensar que el

Hay un momento bastante revelador en la vida profesional. Ocurre cuando descubres que hacer bien tu trabajo no garantiza demasiado. Cumples, tienes experiencia, has seguido formándote y probablemente sabes más de tu especialidad que hace cinco años. Sin embargo, miras alrededor y encuentras cientos de profesionales capaces de decir prácticamente lo mismo. Mismos títulos. Certificaciones parecidas. Perfiles de LinkedIn redactados con las mismas palabras. Competencias casi idénticas. Y todos, naturalmente,

Hay profesionales que llevan veinte años trabajando y, cuando intentas averiguar qué piensan sobre su profesión, apenas encuentras nada. Ni artículos, ni libros, ni una posición reconocible sobre los asuntos que dominan. Mucha experiencia acumulada, pero casi ningún rastro. Y hay otros que quizá no tengan una trayectoria tan larga, pero han ido dejando pequeñas piezas por el camino. Un artículo. Una conferencia. Un libro. Una metodología. Una reflexión compartida

Llegas a un congreso, recoges la acreditación y entras en una sala llena de gente. Algunos ya están hablando en pequeños grupos. Otros miran el móvil con una concentración digna de un neurocirujano. Y unos cuantos recorren la sala buscando a alguien conocido al que agarrarse durante el resto de la jornada. Tú también tienes una decisión que tomar. Puedes refugiarte en el programa, buscar un asiento y esperar a

Hay profesionales que entran en una reunión y, sin hacer nada extraordinario, consiguen que todo resulte más sencillo. Llegan a tiempo, saben cuándo hablar, escuchan, no convierten cada discrepancia en una batalla y, cuando termina la reunión, dejan bastante claro qué van a hacer y cuándo. También están los otros. Los que llegan cinco minutos tarde porque cinco minutos «no son nada». Los que miran el móvil mientras hablas, interrumpen
