Precio, siempre hay alguien más barato

Durante mis primeros 15 años de trayectoria profesional, fui responsable de compras y logística de varias empresas importantes. En todas ellas, una de mis principales funciones era la de negociar los precios a la baja, año tras año. Y no se me daba mal.

En REPSOL negociaba costes de transporte, envases y materias primas. En Quaker Oats, costes de fabricación, ingredientes y envases. En DIA los precios de productos de alimentación y de droguería, perfumería e higiene. En Fundosa Alimentaria fabricábamos pan y bollería industrial. Y, como te digo, aunque los sectores son distintos, a mi me pagaban, entre otras cosas, por reducir precios año tras año.

Al principio, como eres joven y tal, piensas que estás haciendo algo útil. Pero cuando vas conociendo cada sector y entendiendo realmente lo que cuesta cada cosa de verdad, te das cuenta de que algo no encaja. Que alguien tiene que estar perdiendo (o mintiendo) en todo esto. Que eso del win-win es una leyenda urbana. Y yo estaba convencido de que esta forma de trabajar tenía que joderse en algún momento.

Como consumidor, al principio puede que te alegre comprar los espárragos chinos en lugar de los navarros porque son más baratos, encontrar una barra de pan a cualquier hora y por unos céntimos, viajar a Berlín por unos euros, recibir una puta hamburguesa en tu casa o pedir un coche por el móvil a unas tarifas de risa y, encima te dan una botellita de agua.

Y todo eso si no consigues gratis (o regalado o pirateado) lo que quieres como ocurre con muchas cosas en Internet.

Hasta que te das cuenta de que ya nada sabe como antes, que viajar se ha convertido en un infierno (y no sólo en las líneas Low Cost), que a un amigo o a ti mismo te van a poner en la calle porque su/tu salario está fuera de mercado o que llega una pandemia porque están alimentando a los animales con restos de otros animales.

Porque está claro que, una vez que empieza la carrera suicida del recorte de costes, todos se suman. Pero sólo te das cuenta de ello, cuando el siguiente eres tú.

Lo paradójico es que, al final, acabamos pagando como “premium” lo que antes era lo normal. El pan con masa madre, unos cacahuetes en el avión o una simple sonrisa en una cafetería.

Podría hablar mucho de todo esto, pero basta con echar un vistazo a las noticias y ver como anda DIA o RYANAIR o como están nuestros agricultores.

Podrás decir que la culpa es del sistema, del capitalismo, de los empresarios, de los sindicatos o del gobierno. Pero lo cierto es que todos hemos estado encantados mientras esto sucedía.

Me considero una persona liberal y, como no soy economista ni político, seguramente todo esto contradice mi forma de pensar y no sería capaz de defenderme en un debate. Pero seguiré dándole algunas vueltas.

Desde el punto de vista de la Estrategia Personal, podríamos decir que esto no va con nosotros, pero no es así.

Póngame cuarto de kilo de profesional

Una de las razones por las que empecé con todo esto de la Marca Personal es precisamente porque era consciente de que todo lo que se hacía con las empresas y servicios, se estaba haciendo con los profesionales. Y consideré que si conseguíamos ser conocidos, reconocidos y valorados, podríamos darle la vuelta a todo esto.

Cuando hay más oferta que demanda, los precios caen. Y, te guste o no, siempre va a haber alguien más barato que tú. Así que, si entras en una guerra de precios o de salarios, sabes que vas a perder sí o sí.

Hoy casi da igual el currículo. En primer lugar porque en las universidades no te preparan para la vida real. En segundo lugar porque si no has metido mucho la pata pasas a la fase de “commodity” y te pagan “al peso”. Así que habrá que plantearse el trabajo de otro modo.

Demuéstrame que merece la pena pagarte más

Tal y como están las cosas, creo que la única forma de romper el círculo vicioso que hunde el precio de tu trabajo es demostrar claramente que lo que haces, lo vale.

Aquí debes tener en cuenta lo que la gente realmente valora. De nada me sirve que me hagas unas carpetas muy bonitas para tus cursos o que seas muy conocido si, al final no voy a conseguir ningún resultado. Si lo que valoras es viajar a 2.000 Km de casa, aunque te traten como ganado, entonces no te quejes cuando te lo dan. Ya sabes aquello de “ten cuidado con lo que deseas porque podría convertirse en realidad”.

Si quieres tener alguna posibilidad de ser tenido en cuenta, ya no me vale con que me digas lo que has hecho o lo que dices que puedes hacer. Necesito que me lo demuestres y, si es posible, que me lo cuantifiques para justificar ese extra que esperas que te pague.

Bueno, también puedes mentir y prometer algo imposible, como hacen muchos vendedores de humo, los curanderos de la libertad financiera por dospuntocerolandia. En realidad, ellos también satisfacen una necesidad, la necesidad de creer por parte de los desesperados o de los que todavía creen que se pueden ganar duros a cuatro pesetas.

Tienes que ser muy especial

Me gustaría dar un mensaje más optimista sobre este tema, pero creo que como somos jueces y parte, consumidores y productores, es complicado introducir un poco de racionalidad.

Creo que todavía hay formas de aumentar nuestro valor percibido. Porque ya sabes que “todo necio confunde valor y precio”. Podemos añadir alguna cualidad especial que sea realmente valorada, podemos demostrar con datos, pruebas, imágenes o testimonios que merecemos ser pagados mejor o podemos desarrollar nuevos nichos, mercados o productos. Pero lo cierto es que es cuestión de tiempo que alguien vea que ahí hay negocio y volvamos a empezar.


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